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Lucidez

No tengo nombre, pero sé que soy mujer lo que hay entre mis piernas me lo recuerda siempre que estoy a punto de olvidarlo y digo que no tengo nombre porque me llaman por mis apellidos para hacer referencia a cuál de mis progenitores me parezco más, también soy adoptada aunque ellos digan que no. Lo sé cuando murmuran despacio y llega a mis oídos como un soplo del viento pronto me descubren detrás de la puerta y me dicen Sal de ahí, no te escondas justo cuando estoy a punto de abrir la boca se voltean y hablan en voz alta como si no estuviera. Ya es demasiado tarde, porque ya sé que se quejan de mi ausencia, pero...... Me tratan como una adoptada. Mejor cruzo la sala sin despedirme y me largo antes de que se den cuenta. Camino por la calle todo el día porque allí es donde se aprende, allí está la verdadera educación y trato de leer los pensamientos de cada persona que pasa a mí lado, sólo siento un frío, el mismo que sentí cuando me bautizaron y las gotas salpicaron mi frente y el resto

memoria sin palabras

Hoy recibí una carta del puño y letra de Dios en la que decía que mi corazón era de cristal. En el aire se desvanecieron las huellas digitales de mis dedos y no volví hacer feliz nunca más. Decidí salir del laberinto formado de pétalos oscuros hechos de oro que me rodeaban a cada paso que daba, detrás de mí otros hombres se quedaban como estatuas. Toda la tinta se había escurrido entre las manos y las hojas habían volado a lo lejos. este el principio de algo....

Aflicción

Que triste es la traición, me azota en la cara sin dejarme ningún rasguño, pero miles de reclamos en mi alma. El pelo a puños se me cae, la sangre golpea el resto de mi cuerpo y ¿Qué me queda? una risa fingida, un recuerdo agrio, un aliento salvaje; nada tengo nada me queda más que la conclusión de que un humano soy yo.

Pláticas con Aristóteles

¿Dónde comienza el fin del mundo Aristóteles? Que mis días han agotado todo el resplandor de las estrellas y la lluvia me ha quemado, por el tempano de hielo que me he vuelto. Sabías que un rinoceronte me ha visitado en mis sueños contándome del mundo rosa del que nos perdimos. Sí sí sabías verdad, que un día el hombre y la mujer fueron condenados por su pecado, pero el rinoceronte ya no me visita desde que me volví gris. La última vez molesto me dijo que le daba miedo. Lo único que se aparece en mis sueños son los colores del arcoíris formando un camino entre las plantas, mientras espero encontrarme con mi madre. Me dijeron una mentira, que las luces de fuego que a veces a parecen en el cielo, pero que nadie ve, porque todos miramos de frente y de frente nada más hay carteles mágicos, gente y más carteles. Bueno te decía, las bolas de fuego dicen que son dragones que por el aliento de un niño muerto se han esfumado y se han esparcido en pequeñas gotas negras que al caer al piso no