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Mostrando entradas de agosto, 2013

Todo ocurre en un lugar llamado Centro

En el Centro, a dos calles de mi desaparición, se hizo un callejón sin salida:
dos cigarros sirvieron para recrear un corazón de vidrio que cayó en el pelo descompuesto de una mujer.
Él le dijo: ¿Entonces no era yo todas las combinaciones de tus seres acariciados bajo la atmósfera de la muerte?
Ella le contestó: No, mi ilusión se escucha a tres años de aquí el único lugar donde podre ser libre, pero sígueme hablando del amor en la parte que dices no eres tú, en la parte que me acaricias con tus uñas coartadas en sangre y pronuncias en la oscuridad con una de tus caras que no crees en el amor porque dicen es algo bello y tú rechazas toda belleza que no esté podrida. Dime otra vez que sólo tus huesos de calavera podrán amar una vez, ya viejo, que tendrás todas las respuestas antes de morir. Con los ojos desgarrados me encontrarás aunque no sea exactamente yo.

En el Centro, a dos calles de mi desaparición, se murió una anciana que contaba cuentos de terror
dos manos fugitivas recorrían…

En un lugar de aullidos

Por las tierras de Sexo un orgasmo salió por la ventana y todos los habitantes quedaron desmayados. Cuando por fin resurgieron sólo eran fantasmas en un cuarto de amantes.

La muerte se lleva a todos porque busca su piel y con tristeza descubre que estamos rotos, nos construyen recortes y figuras que nosotros creamos al vivir. Deslumbrados buscamos la propia clonación en los ojos del otro o en una rama que está bailando sola y en silencio. Esta tarde anuncia que el tiempo pasa y que ella también se secará.