A la sombra de la banca

Quizás algún día huya y me vaya a un lugar menos terrible que la sombra.
Esta sombra que me persigue acompañada del tiempo,
enmarcando a la muerte cuando estoy dormida,
y si estoy despierta parece que estoy muerta.

Todos están ciegos,
nadie me ve andar,
descalza sobre las llamas del infierno,
que me persiguen sin cesar,
sobre mi carne,
y sobre la tierra.

Yo sigo siendo un pez que no aprendió a nadar,
y nunca creyó en la existencia de las hadas,
ni el escupitajo de los niños me ha afectado.

Los viajes no se venden en el ojo del enterrador,
ni en la desfiguración de mi cara,
y me rio,
me rio sin parar,
porque nadie entiende mi dialecto,
palabra inventada por los españoles para justificar su precocidad.
Yo también soy una gota de agua desperdiciada.

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