De héroes, amapolas y pornostar

Me dijeron que se podía hacer un héroe de un hombre. Todo se resuelve con otorgarle piel de cocodrilo para que pueda existir en la oscuridad, cuando la niebla toma vida y se instala en los oídos como un rayo de luz que repentinamente deja ciego. El tiempo transcurre lento como un mono que no le concede nada a la vida más que una cabeza agachada adentro de su jaula. Ha sido engañado el hombre, el héroe y el antihéroe tomados de la mano representa a uno solo. A ti.
Todos hemos sido
palabras vacías.
Todos hemos sido laberintos que se cortan con bisturí relleno de sangre añeja,
Todos hemos sido engañados o falsificados  constantemente por la mitad de nuestro reflejo porque a media luz todo queda en duda hasta nuestra existencia. En un  lugar donde el espacio conquistador de los medios solo crea, destruye, deconstruye y desconfigura dos cuerpos que tuvieron cara larga al conocer los orificios que conlleva estar cargando un sueño, como si ser Súperman fuera producto del amapola y el opio. Adquirir el copy right de una piel sin ropa para ser una Pornostar al lado de los que atrapan  vacíos. Ser héroe de una canción a veces es confesar que nunca se aprendió nada del amor y que no se tiene la menor intensión de hacerlo. Se puede escuchar con calma al niño, adolescente, adulto y anciano en una parada con la mano de la muerte y pensar que seguimos siendo  cúpula de sentimientos que están a punto de caer por un precipicio. En los encuentros existen desencuentros de cinco minutos, mientras  tú caminas a no sé qué hora ni con quién o para qué
Lupita y Andrea son vendidas por un taxista a un turista en un lugar que no se llama Tijuana ni Puerto Peñasco, ni Colorado sino adiós, adiós a sentarse sin esperar nada, adiós a besar con los ojos cerrados, adiós a volar aunque sea con alas rotas, adiós a dios.

Bienvenido a la vida de los héroes le dirás a tu hijo.


 
 

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