Los murciélagos que caen de noche

No se les conoce por hablar en lenguas o caminar con los pies al revés,
tampoco sueñan con la humanidad  o los crisantemos tejidos al corazón.
Generalmente se deshojan las pupilas a escondidas del vientre de su madre.
Los murciélagos no tienen sombra,
viven abrazados a la muerte con el recuerdo de los árboles,
quienes debajo de las azucenas y la ciruela derretida del cielo imploraron ser algo más que un abrigo de los solitarios.
Es que ser un murciélago es demasiado fácil dijo mi madre antes de caer en lluvia y abandonar la tierra.
Es que ser un murciélago es fácil dijeron mis manos derretidas en el lodo.
Es que ser murciélago es como adentrase en el vacío,
vivir en el hoyo negro,
cubrir las huellas de unicornios,
abandonar toda esperanza de significado,
en fin,
esperar que el cacao crezca entre mis uñas
dijo mi boca
cuando fue ceniza.
Tragué el último soplo de viento,
se purificó en fuego,
 abandonó toda promesa.

Entradas populares de este blog

Una ridícula historia de amor en Navidad

Nuevo libro Diles que no nos vean

Brevedades infinitas, una crítica por Mildred Meléndez