La comunidad

Toda la comunidad se reunió: las mujeres brindaba con copas de sangre y los hombres eyaculaban sobre los ojos de los muertos. Nadie sabía lo que era tener el alma desgarrada hasta el punto de dormir entre cerdos y vacas. Nadie sabía que Miguel, el niño curioso que jugaba quemados con el resto de los niños de la vecindad saldría de entre los arboles para encontrarse con su verdadera familia. Los buscó por muchos siglos, en los cuales había cortado la carne de sus diferentes padres adoptivos.


Pueden seguirme en twitter como @Marciaramloz

Entradas populares de este blog

Una ridícula historia de amor en Navidad

“Vida arrabalera” entre lo real y la novela de forma autobiográfica

Sobre Brevedades infinitas